may 10 2012

Un juego peligroso

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Aquel fin de semana iba a ser perfecto, los padres de mi amigo Miguel, se marchaban de viaje. Pasaríamos allí todo el fin de semana, haríamos una fiesta a lo grande y nos lo pasaríamos genial.

Pero no todos los cuentos cortos son bonitos, pues la ilusión se marchó de nuestros rostros cuando Miguel nos dijo que su hermana también quedaba en la casa y que no podríamos hacer fiesta. Su hermana era la mítica “empollona”, sus estudios para ella eran más importante que su propia existencia.

Llegó el fin de semana y fuimos a casa de Miguel. Guardamos nuestras cosas y comenzamos a beber mientras nos reíamos de las videntes de la televisión. Antes de que el aburrimiento nos acogiera, Carlos sacó un juego de su mochila.  Las instrucciones eran como las de un cuento de terror, pues no ponía las reglas a seguir solo contaba una historia que no tenía ni pies, ni cabeza. Era un juego peligroso.

No recuerdo el nombre del juego pero si que recordaré toda mi vida, aquella noche, en la que el miedo se apoderó de nosotros e incluso afectó tanto la vida de los demás que uno de ellos desapareció sin más.

Sólo recordarlo tiemblo sin cesar, no sé como sigo vivo, ni sé como todo podrá llegar a terminar.

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may 10 2012

Miedo en casa

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Fue a partir de aquel momento en que me entró el miedo.

Por problemas económicos tuvimos que marcharnos a una casa más pequeña a las afueras de la ciudad.

Fue en el momento en que entré en la casa, cuando comenzó las historias de terror. Yo siempre fui muy miedica no os lo voy a negar, pero sabía que aquella nueva vida, no guardaba nada bueno en mi futuro.

Aunque suene contradictorio, comencé a leer cuentos de terror para ver si me tranquilizaba, pues la soledad fue algo que siempre me ha dado mucho respeto y estaba tan nerviosa que no sabía ya ni que hacer. Como mi cuerpo temblaba tanto, decidí darme una ducha para que mis músculos se relajaran, y fue justo en ese momento en el que el miedo se hizo aún más grande. Apenas tenía tiempo para ver a mis padres, pues entre el colegio y el trabajo de mis padres (que ahora tenían que salir una hora antes de casa para llegar a la hora) no nos daba tiempo. Por eso la mayor parte del tiempo estaba sola, sin nadie que conociera por allí, sola.. y muerta de miedo.

Escuchaba voces, no entendía ni de donde venían, ni  lo que decían, pues me sentía tan indefensa que no paraba de llorar. Salí corriendo del baño, me metí en mi habitación, cerré la puerta con pestillo y me vestí.

Pocos minutos más tarde, salí corriendo de la casa, pues el miedo no me permitía quedarme más tiempo allí.

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may 01 2012

El colegio del terror

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Aquella mañana era una mañana tormentosa. Las calles del pueblo estaban

bloqueadas por la tormenta de nieve. En la radio comunicaban que no habría clase en ninguna comarca. Pero de repente, el teléfono sonó. Era el director del colegio diciendo que tendríamos que ir a clase de todas formas. A mis padres les resultó extraño, pero tenían que acatar las normas.

Hacía un frío terrorífico. Entre la oscuridad del día y la fachada del colegio llena de nieve, resultaban parecer sacada de un cuento de terror.  A mi hermana pequeña y a mi nos dio miedo entrar allí, pero teníamos que hacerlo.

Cuando entramos, no había nadie en el colegio; los pasillos, las aulas, la dirección.. ¡Nadie! estaba todo desértico. No entendíamos qué estaba sucediendo, estábamos atemorizados, tanto, que nos agarrábamos de la mano fuertemente. Yo era el hermano mayor, tenía que mostrar cierta seguridad para que ella no tuviera miedo.

Nos dirigimos a mi clase, donde supuestamente tendrían que estar mi profesor y mis compañeros. Cuando entramos en ella, de repente, la puerta se cerró. Gritamos del susto que llevamos, pero luego pensé que podría ser por una ventana abierta del pasillo o algo así…para que mi hermana no sintiera miedo, pero apenas podía ocultarlo. Mi cuerpo se estremecía y temblaba de tal forma que mis piernas se debilitaban.

Le ofrecí a mi hermana pintar en la pizarra de clase, para distraerla. Pero al coger la tiza del profesor, algo extraño sucedió. La pared frontal comenzó a abrirse. No creíamos en lo que estaba pasando, aquella historia de terror tendría que ser una pesadilla, no podía ser real.

Unas sombras asomaban por aquella abertura de la pared. Había movimiento y se escuchaban voces huecas saliendo de aquel lugar. Me acerqué a la ventana y vi que el coche de mis padres seguía allí parado. No lo dudé cogí una silla y rompí el cristal de la ventana. Saqué a mi hermana con mucho cuidado y luego salté yo.

Nos subimos al coche y mi padre me comentaba que el coche no tenía fuerza para arrancar que estaban esperando a que se calentara, y nos preguntó que porqué teníamos esa cara de asustados. Cuando pudimos salir de allí y llegar a casa, después de comentarles lo sucedido, mi padre llamó al director del colegio y éste le dijo que él no había llamado nunca a nuestra casa para decir que fuéramos a clase.

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